Hoy vamos a hablar de servicios

12 03 2008

Hablemos de servicios. Sí, de esos servicios públicos para el ámbito cotidiano y bienestar del ciudadano de a pie. Esos servicios por los que estamos pagando impuestos y que funcionan tan increíblemente bien… No hay más que ver la rapidez de la policía cuando se le llama, o el 112, por ejemplo. Pero no sólo eso, no, hablemos de esas ambulancias que llegan a toda pastilla y se van tan rápido que si no cierran bien la puerta se va la camilla…

Hoy en partiular vamos a hablar del transporte público, de los autobuses en particular, de la empresa Latbus, en Murcia. Ése transporte público tan puntual y cómodo, sobre todo cuando llegan clavados a la hora. Hay que tener en cuenta sobre todo que nunca se retrasan, no por Dios, el hecho de que lleguen 15 minutos después de la hora anunciada no es un retraso, es una variante del horario. Tampoco es un hecho a tener en cuenta cuando llevas una hora esperando a un autobús y cuando empiezas a preguntarte dónde está y si existe esa línea, aprecen DOS, seguidos y tan rápido que no te da tiempo a coger ninguno. Hablemos también de esos momentos en los que vas a la parada con diez minutos de margen y nada más llegar lo ves que se va, y el mundo se te abre a los pies, y por más que corre no para el condenado, no.

Tengamos en cuenta también la lógica del transporte público. ¿Cuándo sale la gente?, los fines de semana y festivos. ¿Quién sale esos días?, la gente de las afueras, que normalmente ha de coger su coche para acceder al centro. Claro, se quejan de que no cogemos el transporte público para salir, pero si además del hecho de que los horarios de autobús son una incertidumbre le añadimos que los autobuses que unen las afueras con el centro NO circulan los fines de semana y festivos, ¿quién va a coger el autobús?. Claro, pues se coge el transporte privado.

Hablemos también de los conductores tan majos que tiene el servicio. De 5, sólo uno ofrece conversación agradable, si la ofrece. Eso cuando no te miran con desprecio y suspirando te cobran, como si tú fueses la causa de todos sus males. Tengamos también en cuenta esos momentos en que subes enfurruñada y sólo quieres gritarle al conductor que qué demonios hacía hace media hora. Y te miran con desfachatez, con ese aire de superioridad, sabedores de que te han robado tiempo y encima te han enfadado.

Hablemos también de la radio, ese elemento indispensable en la mayoría de los autobuseros y que hace el viaje tan ameno. Cuando subimos a un autobus tenemos tres posibilidades, la primera y más agradable es que nada más subir escuches la música ratonera que te da dolor de cabeza, que se caracteriza por un constante bombardeo a las orejas de un monótono tema. El siguiente caso es que te toque una tertulia, la mayoría de las veces de fútbol o alún tema carente de interés, cuando no es política. Y el último y menos probable caso es que te encuentres con una melodía agradable y conocida. Y si a los dos primeros casos le sumamos la puntalidad tan característica de los autobuses y la frecuencia de la línea, se nos forma tremendo cabreo que no volvemos a poner un pie en un autobús en meses.

Pero hay de los que no pueden elegir, como yo, condenados a este servicio tan triste y poco eficaz. Hoy hablemos de autobuses, de la incompetencia del servicio y lo decepcionante que es la red de autobuses, que más que transporte público vamos a echar la ruleta rusa. Y ahora señores, ¿quién desea coger un transporte público?. Para encontrarse o bien con alguien que no se ha duchado en una cantidad de tiempo equivalente a la edad del conductor, o bien con unos niños gritones, o bien con vete tú a saber qué. Pido que, por el bien de los usuarios de este servicio tan precario, se mejore el servicio, y sobre todo los precios. Porque me niego a pagar más de la barbarie que me cobran por un servicio mal hecho e impuntual. Por que no es socialmente correcto, yo denuncio.

Hablemos de los problemas de la sociedad, esos que nadie quiere denunciar. Hoy hemos hablado del transporte público, y yo acuso a la compañía de Latbus de un servicio ineficaz, precario y decepcionante, y además de esto, excesivamente caro.

He dicho.

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